martes 8 de diciembre de 2009

8 de diciembre - MARÍA, FLOR DE LA HUMANIDAD!


Toda la humanidad florece en María. María es la Flor de la humanidad. Ella, la Inmaculada, es la la Flor de la Maculada.
La humanidad pecadora ha florecido en María, ¡la toda hermosa!
Y, como la roja flor agradece a la verde plantita con sus raíces y el abono que la hizo florecer, así María lo hace, porque por nosotros los pecadores, Dios se vio obligado a pensar en María.
Nosotros le debemos a Ella la salvación, Ella a nosotros la vida suya.
¡Qué bella, María! Es la creación que despunta en flor, la creación que despunta en belleza. Toda la creación florecida, como la fronda de un árbol, es María. Desde el Cielo Dios se enamora de esta Flor de las flores, la poliniza de Espíritu Santo y María da al Cielo y a la tierra el Fruto de los frutos: Jesús.

Chiara Lubich


Maria, trasparenza di Dio
Città Nuova, Roma 2003, pp. 86-87
(La traducción es nuestra)

lunes 7 de diciembre de 2009

7 de diciembre - Por la familia universal

La llamada de Jesús implica aquí claramente, el desapego de la familia natural como condición para entrar a formar parte de una nueva familia, sobrenatural. Jesús no dice que no se deba amar y honrar al padre y a la madre – ni una coma o tilde de la Ley deben caer –; es que la vocación implica el desapego total de la familia para ir a anunciar el reino de Dios.
Y aquí, me parece, que encontramos implícito el lazo profundo que existe entre entre la llamada al sacerdocio y el celibato, porque el desapego de la familia particular está implícito en la vocación a seguir a Jesús por el bien de la familia universal.
Visto así, el celibato no es una renuncia; podemos verlo negativamente sólo si no ponemos de relieve que aquel que es llamado está destinado a llegar a ser en Jesús “padre de todos los creyentes”, a engendrarlos como hermanos de toda la familia humana.


Pasquale Foresi

Problematica d’oggi nella Chiesa
Città nuova, Roma 1970, pp. 95-96
(La traducción es nuestra)

domingo 6 de diciembre de 2009

6 de diciembre - Coparticipación de los bienes materiales


La misma certeza de la radicalidad de la presencia de Dios en el otro que favorece la comunión (intercambio) entre persona y persona, postula también la coparticipación de los bienes materiales.

La comunión de los bienes - quizás el fenómeno socialmente más nuevo y significativo de la primera comunidad cristiana - no puede considerarse un optional (...), es la prueba efectiva (...) de la respuesta personal al amor de Dios y por tanto, del amor al prójimo.
También éste es un modo de perder para ser: uno se desapega de los ídolos para entrar en la comunión.

Cuando un prójimo esta en necesidad, soy un homicida - dirían los Padres de la Iglesia - si yo tengo y no doy; dar a quien no tiene quiere decir restituir a Dios lo que es suyo.


Silvano Cola
Scritti e testimonianze
(La traducción es nuestra)

sábado 5 de diciembre de 2009

5 de diciembre - Según el modelo de la Iglesia primitiva


Es necesario, con todo, que (los sacerdotes) examinen a la luz de la fe todo lo que se les presenta, para usar de los bienes según la voluntad de Dios (...).
No tengan, por consiguiente, el beneficio como una ganancia, ni empleen sus emolumentos para engrosar su propio caudal (...).
Más aún, siéntanse invitados a abrazar la pobreza voluntaria, para asemejarse más claramente a Cristo y estar más dispuestos para el ministerio sagrado. Porque Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para que fuéramos ricos con su pobreza. Y los apóstoles manifestaron, con su ejemplo, que el don gratuito de Dios hay que distribuirlo gratuitamente, sabiendo vivir en la abundancia y pasar necesidad. Pero incluso una cierta comunidad de bienes, a semejanza de la que se alaba en la historia de la Iglesia primitiva, prepara muy bien el terreno para la caridad pastoral.


Concilio Ecuménico Vaticano II
Presbyterorum Ordinis, 17

viernes 4 de diciembre de 2009

4 de diciembre - Cien casas, cien hermanos


Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?» Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme.». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos.

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te
hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna
Evangelio de Mateo
19, 20-23.27-29

jueves 3 de diciembre de 2009

3 de diciembre - Los diáconos: signo de Cristo siervo


Los diáconos son consagrados y enviados al servicio de la comunión eclesial, bajo la guía del obispo con su presbiterio.

Como el Pueblo de Dios al cual están dedicados, los diáconos encuentran su norma permanente y su identidad fundamental en la fidelidad al Evangelio e, iluminados por los signos del Espíritu, viven y realizan su misión en modalidades que varían según el contexto histórico en el cual la ejercen.

Precisamente a través de esta disponibilidad ellos están llamados a expresar, según su gracia específica, la figura de Jesucristo siervo, recordando así también a los presbíteros y a los obispos, la naturaleza ministerial de su sacerdocio, y animando con ellos, mediante la Palabra, los sacramentos y el testimonio de la caridad, aquella diaconía que es vocación de todo discípulo de Jesús y parte esencial del culto de la Iglesia.


Conferencia Episcopal Italiana
I diaconi permanenti nella Chiesa in Italia, n.8.
(La traducción es nuestra)

miércoles 2 de diciembre de 2009

2 de diciembre - Matrimonio, virginidad, sacerdocio

Sacerdocio, virginidad y matrimonio son los tres lados de un triángulo isósceles: dos que se elevan hacia el cielo, apuntando hasta Dios y encontrándose en Èl; el tercero, que se extiende sobre la tierra y, engendrando sacerdotes y vírgenes, a través de ellos, se comunica con el Cielo. Los unos transportan gracias de Dios; el otro, las encarna en la humanidad; y recíprocamente recoge en la humanidad las súplicas que, a través de aquellos dos, hace llegar al cielo. Tríada de recomposición de lo divino en lo humano y de lo humano en lo divino.

Si por allí pasa el amor, son tres y son uno: son el viaducto de Dios, para realizar la Encarnación del Hijo. Y en el amor están unidos y diferenciados: todos pertenecemos al sacerdocio; todos, como Iglesia que es virgen, participamos de la virginidad espiritual, todos somos almas esposas de Cristo.


Igino Giordani, Diario de Fuego