viernes, 6 de noviembre de 2009

7 de noviembre - Llevar a todos en el corazón


Jesús crucificado (…) quien siendo rico, se hizo pobre y «se anonadó, tomando la forma de siervo» (cf Fil 2, 7), sabe enseñar al sacerdote la genuina actitud cristiana que ha de ser asumida hacia todos los hombres que se le confían: servir. (…)

Este es Cristo; así quiere él al sacerdote. Servir, “hacerse uno” con todos hasta el fin, menos en el pecado... y así ganar para Cristo el mayor número (cf 1Cor 9, 19).

Abrir el diálogo con cada prójimo, comprenderlos, llevarlos a todos en el corazón!
Si su servicio sacerdotal tiene como sostén este entrañable amor, este servicio del corazón, el sacerdote verá florecer, en la porción de Iglesia que se le ha confiado, esa maravilla que hoy el Espíritu Santo llama a los cristianos que le revelen al mundo: el sacerdocio real; fieles convencidos que no agotan los deberes de su fe en las pocas prácticas dominicales, sino que viven el bautismo muriendo, momento por momento, en Cristo, en el amor a él y entre ellos, y en él resucitando.

Chiara Lubich


Il sacerdote oggi, il religioso oggi
Gen’s 12 (1982/6) p. 5
(La traducción es nuestra)

jueves, 5 de noviembre de 2009

6 de noviembre - Si amas, eres

Esto me parece importante: acercarse al sacerdocio esperando ser capaces de morir por todos, de morir a sí mismos por todos. Apagar toda llama de saber y ser sólo amor. Dios es Amor. Si amas, eres. Si no amas, no eres.

Hay que considerar al otro, a cualquier persona, como insustituible, como único en el mundo. (…)

Cuántas veces hemos leído en s. Pablo que aunque tuviera el don de profecía y diera todo lo que tengo, pero no tengo la caridad, no soy nada. Todo el Evangelio está allí. «Cualquier cosa hecha al más pequeño, la hiciste a mí». Cualquier cosa que haga al más grande desgraciado del mundo la hago a Jesús.

Esta es la capacidad de hacer luminosa la noche. (…) Si uno se convence de esto, hace un gran descubrimiento. Se comprende que finalmente el mundo podría ir bien.



Silvano Cola

Scritti e testimonianze
Gen’s, Grottaferrata 2007, pp. 53-54
(La traducción es nuestra)

5 de noviembre - Eucaristía para los demás

En la grandísima mayoría de los casos, aquel “dar la vida” que nos pide Jesús, no se cumple con la efusión de la sangre, sino en el día a día, en tantos pequeños gestos, en el ponernos al servicio de los demás, incluso de aquellos que, por algún motivo, pueden parecer “inferiores” a nosotros. (…)

Servir significa volverse “eucaristia” para los demás, identificarnos con ellos, compartir sus alegrías, sus dolores, aprender a pensar con su cabeza, a sentir con su corazón, a vivir en ellos: “caminar con sus mocasines”, como dice un proverbio indiano.

Card. François-Xavier Van Thuan



Testimoni della speranza
Città Nuova, Roma 200810, pp. 96-97
(La traducción es nuestra)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

4 de noviembre - Generar a Cristo


Que todas vuestras cosas sean hechas en la caridad, así podremos superar todas las dificultades que, innumerables debemos experimentar día a día; y así tendremos la fuerza para generar a Cristo en nosotros y en los demás.

San Carlos Borromeo





Acta Ecclesiae Mediolanensis
Milán 1599, p. 1178
(La traducción es nuestra)

martes, 3 de noviembre de 2009

3 de noviembre - Cabeza, es decir, siervo


Jesucristo es Cabeza de la Iglesia, su Cuerpo. Es «Cabeza» en el sentido nuevo y original de ser «Siervo», según sus mismas palabras: «Tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45). El servicio de Jesús llega a su plenitud con la muerte en cruz, o sea, con el don total de sí mismo, en la humildad y el amor: «se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz ...» (Flp2, 78). La autoridad de Jesucristo Cabeza coincide pues con su servicio, con su don, con su entrega total, humilde y amorosa a la Iglesia. Y esto en obediencia perfecta al Padre: él es el único y verdadero Siervo doliente del Señor, Sacerdote y Víctima a la vez.

Este tipo concreto de autoridad, o sea, el servicio a la Iglesia, debe animar y vivificar la existencia espiritual de todo sacerdote (...) De este modo los ministros (...) podrán ser «modelo» de la grey del Señor que, a su vez, está llamada a asumir ante el mundo entero esta actitud sacerdotal de servicio.



Juan Pablo II

Pastores dabo vobis, 21

domingo, 1 de noviembre de 2009

2 de noviembre: El abrazo con el Padre


En el momento en el cual cerraré los ojos a esta tierra, la gente que estará cerca dirá: está muerto. en realidad es mentira. Estoy muerto para quien me ve, para quien está allí. Mis manos estarán frías, mis ojos ya no podrán ver más. pero en realidad la muerte no existe porque apenas cierro los ojos a esta tierra me abro al infinito de Dios. Nosotros lo veremos, como dice san Pablo, cara a cara, así como Él es (1Cor 13,12). Y se realizará aquella palabra que la Sabiduría dice en el Capítulo 3: Dios ha creado al hombre inmortal,para la inmortalidad, según su naturaleza lo ha creado (Cf. Sab 3,23).

Dentro de nosotros ya está, por tanto, la inmortalidad, por lo cual la muerte no es otra cosa que el irrumpir completamente mi propia identidad, mi ser con Dios. La muerte es el momento del abrazo con el Padre, esperado intensamente en el corazón de cada hombre, en el corazón de toda creatura.


Oreste Benzi
Testamento spirituale

(La traducción es nuestra)

1 de Noviembre - Los santos: espejos de Jesús


Los santos son como muchos pequeños espejos en los cuales Jesucristo se contempla.

En sus apóstoles [Jesús] contempla su celo y su amor por la salvación de las almas; en los mártires contempla su paciencia, sus sufrimientos y su muerte dolorosa; en los solitarios, él ve la vida oscura y escondida; en las vírgenes, admira su pureza sin mancha, y en todos los santos, su caridad sin límites, de modo que, admirando las virtudes de los santos, no hagamos otra cosa que admirar las virtudes de Jesucristo.

No todos los santos comenzaron bien, pero todos concluyeron bien.


San Juan María Vianney

Escritos escogidos
Città Nuova, Roma 1975, p. 94
(La traducción es nuestra)