
viernes, 6 de noviembre de 2009
7 de noviembre - Llevar a todos en el corazón

jueves, 5 de noviembre de 2009
6 de noviembre - Si amas, eres
5 de noviembre - Eucaristía para los demás

miércoles, 4 de noviembre de 2009
4 de noviembre - Generar a Cristo

martes, 3 de noviembre de 2009
3 de noviembre - Cabeza, es decir, siervo

Jesucristo es Cabeza de la Iglesia, su Cuerpo. Es «Cabeza» en el sentido nuevo y original de ser «Siervo», según sus mismas palabras: «Tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45). El servicio de Jesús llega a su plenitud con la muerte en cruz, o sea, con el don total de sí mismo, en la humildad y el amor: «se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz ...» (Flp2, 78). La autoridad de Jesucristo Cabeza coincide pues con su servicio, con su don, con su entrega total, humilde y amorosa a la Iglesia. Y esto en obediencia perfecta al Padre: él es el único y verdadero Siervo doliente del Señor, Sacerdote y Víctima a la vez.
Este tipo concreto de autoridad, o sea, el servicio a la Iglesia, debe animar y vivificar la existencia espiritual de todo sacerdote (...) De este modo los ministros (...) podrán ser «modelo» de la grey del Señor que, a su vez, está llamada a asumir ante el mundo entero esta actitud sacerdotal de servicio.
Juan Pablo II
Pastores dabo vobis, 21
domingo, 1 de noviembre de 2009
2 de noviembre: El abrazo con el Padre
1 de Noviembre - Los santos: espejos de Jesús

Los santos son como muchos pequeños espejos en los cuales Jesucristo se contempla.
En sus apóstoles [Jesús] contempla su celo y su amor por la salvación de las almas; en los mártires contempla su paciencia, sus sufrimientos y su muerte dolorosa; en los solitarios, él ve la vida oscura y escondida; en las vírgenes, admira su pureza sin mancha, y en todos los santos, su caridad sin límites, de modo que, admirando las virtudes de los santos, no hagamos otra cosa que admirar las virtudes de Jesucristo.
No todos los santos comenzaron bien, pero todos concluyeron bien.
San Juan María Vianney
Escritos escogidos
Città Nuova, Roma 1975, p. 94