miércoles, 14 de octubre de 2009

14 de octubre - El aplauso verdadero


¿Elogiáis ahora estas palabras mías? Pero a mí no me hacen falta aplausos ni tumultuosas aclamaciones. Una sola cosa quiero: que vosotros, después de haber escuchado con calma y con atención, pongáis en práctica todo lo que os digo. Éste es para mí el aplauso, éste es el elogio que deseo.
Mas, si vosotros os limitáis a elogiar las palabras que se os dicen sin ponerlas en práctica, acarrearéis sobre vosotros una condena sumamente severa y un suplicio aun más grave, mientras nosotros seríamos burlados y cubiertos de vergüenza.
Esto no es un teatro ni vosotros estáis aquí sentados para ver comediantes y, por esto no estáis aquí sólo para aplaudir. Aquí hay un magisterio espiritual, una escuela de santidad: por tanto hay un solo estudio, una sola aspiración: poner en práctica cuanto se escucha y dar testimonio con las obras de vuestra obediencia. Sólo entonces me consideraré bien recompensado, mientras que ahora me encuentro casi reducido a la desesperación.



San Juan Crisóstomo
Comentario al Evangelio de Mateo
Homilía 17, 7
(La traducción es nuestra)

martes, 13 de octubre de 2009

13 de octubre - Palabras que "despierten"


Que comúnmente vemos que, cuanto acá podemos juzgar, cuanto el predicador es de mejor vida, mayor es el fruto que hace por bajo que sea su estilo, y poca su retórica, y su doctrina común, porque del espíritu vivo se pega el calor; pero el otro muy poco provecho hará, aunque más subido sea su estilo y doctrina. Porque, aunque es verdad que el buen estilo y acciones y subida doctrina y buen lenguaje mueven y hacen efecto acompañado de buen espíritu; pero sin él, aunque da sabor y gusto el sermón al sentido y al entendimiento, muy poco o nada de jugo pega a la voluntad; porque comúnmente se queda tan floja y remisa como antes para obrar, aunque haya dicho maravillosas cosas maravillosamente dichas, que sólo sirven para deleitar el oído, como una música concertada o sonido de campanas; mas el espíritu, como digo, no sale de sus quicios más que antes, no teniendo la voz virtud para resucitar al muerto de su sepultura.


San Juan de la Cruz
Subida del Monte Carmelo
Libro 3, 45, 4

lunes, 12 de octubre de 2009

12 de octubre - Palabras que sean un "flechazo"

Debemos tener en cuenta la duración de nuestro discurso; porque, si uno no es capaz de soportar largos discursos llevando muy lejos la exhortación o el regaño, terminamos aburriendo a quien nos escucha. Por lo cual el mismísimo ilustre predicador se dirige a los hebreos diciendo: "Les aconsejo hermanos, reciban con agrado esta palabra de exhortación: precisamente por esto les he escrito con mucha brevedad".
Esto les conviene sobre todo a los débiles: que escuchen pocas palabras, aquellas que estén en grado de entender, pero que sean un flechazo en su alma con el dolor del arrepentimiento. Porque si a ellos, al mismo tiempo se les dirige un discurso complejo de exhortación, como no están en grado de retenerlo todo, lo pierden todo.



San Gregorio Magno
Homilías sobre Ezequiel I

(La traducción es nuestra)

domingo, 11 de octubre de 2009

11 octubre - Lenguaje para todos

Alguno podrá decir: yo no tengo memoria y me falta la elocuencia para proclamar la Palabra de Dios. Me temo que esta excusa no puede servir de defensa en el tremendo juicio, a nosotros que sabemos bien cómo nuestro Señor ha elegido para anunciar su Palabra no a profesores y rectores, sino a pescadores sin instrucción y a guardianes de rebaños, del todo pobres y despreciables.
Igualmente, si uno encuentra en un sacerdote una elocuencia profana bella y del todo redundante (…) está ciertamente fuera de lugar, si se quisiera hablar en la iglesia ya que su exhortación no podrá ser comprendida por toda la grey del Señor,como conviene, sino que su discurso alcance a duras penas un exiguo número de personas cultas.
Por esto los obispos deben predicar a los fieles con un lenguaje sencillo y común que todos puedan entender,haciendo lo que dice el apóstol: «Yo me he hecho todo a todos, para ganarlos a todos», y según el santo y saludable consejo del beato Jerónimo que dice: «Conviene que el sacerdote que predica, provoque más a la contrición que al aplauso».

Cesario di Arles
Sermones 1, 15
(La traducción es nuestra)

sábado, 10 de octubre de 2009

10 de octubre - Santificarse para santificar


Juan María Vianney se santificaba para ser más apto para santificar a los demás. Ciertamente, la conversión sigue siendo el secreto de los corazones libres en sus decisiones y el secreto de la gracia de Dios. Mediante su ministerio el sacerdote ilumina a las personas, guiándolas en sus conciencias y dándoles los sacramentos. Estos sacramentos son, en efecto, actos del mismo Cristo, cuya eficacia no disminuye por las imperfecciones o por la indignidad del ministro. Pero el resultado depende también de las disposiciones personales de quien los recibe, y éstas son favorecidas en gran manera por la santidad personal del sacerdote, por su visible testimonio, así como por el misterioso intercambio de méritos en la comunión de los santos. San Pablo decía: «Suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24). Podría decirse que Juan María Vianney quería, en cierto modo, arrancar a Dios las gracias de la conversión no solamente con sus oraciones, sino también con el sacrificio de toda su vida.


Juan Pablo II
Carta la los sacerdotes sobre el Santo cura de Ars
16 de marzo de 1986

viernes, 9 de octubre de 2009

9 de octubre - Ser "voz" de la Palabra

La predicación cristiana no proclama "palabras", sino la Palabra, y el anuncio coincide con la persona misma de Cristo (...).

Por tanto, un auténtico servicio a la Palabra requiere por parte del sacerdote que tienda a una profunda abnegación de sí mismo, hasta decir con el Apóstol: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí". El presbítero no puede considerarse "dueño" de la palabra, sino servidor. Él no es la palabra, sino que, como proclamaba san Juan Bautista, (...) es "voz" de la Palabra.

Ahora bien, para el sacerdote ser "voz" de la Palabra (...) supone un sustancial "perderse" en Cristo, participando en su misterio de muerte y de resurrección con todo su ser: inteligencia, libertad, voluntad y ofrecimiento de su cuerpo, como sacrificio vivo (cf. Rm 12, 1-2). Sólo la participación en el sacrificio de Cristo, en su kénosis, hace auténtico el anuncio.


Benedicto XVI

Catequésis de la Audiencia General

24 de junio de 2009

miércoles, 7 de octubre de 2009

8 octubre - Antídoto contra clericalismo


El clericalismo
es esa deformación
-claramente combatida por Jesús- a la cual están expuestos todos los "profesionales" de la religión, y se manifiesta en el sentirse superiores o en el predicar para los demás sin vivir a fondo ellos mismos o en la búsqueda de privilegios y reconocimientos, etc. Son todas expresiones de la debilidad humana que se encuentran en cada ámbito social y por lo tanto, es lamentablemente inevitable que se den también en el ámbito religioso.
Nosotros no debemos preocuparnos de ser ni clericalistas ni anticlericalistas, sino más bien esforzarnos por revivir en nosotros la vida de Jesús, para tender cada vez más a lo que dice San Pablo: «No soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2, 20). Aquí se encuentra el mejor antídoto contra el clericalismo.

Pasquale Foresi

Colloqui. Risposte sulla spiritualità dell’unità
Città Nuova, Roma 2009, p. 73

(La traducción es nuestra)